El perdón pretende hacer lo que parece imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y consigue establecer un nuevo comienzo allí donde los comienzos parecían imposibles. Hannah Arnendt
(PARTE II: VÍNCULOS AFECTIVOS Y EL DUELO)
Continuamente en reuniones con amigas, en conversaciones que llegan a mis oídos en el metro y en el autobús, y sobre todo, en consulta, no paro de escuchar “como dice el refrán segundas partes nunca fueron buenas”. Y aunque, generalmente suelo estar de acuerdo con la sabiduría popular, he de reconocer que no siempre está en lo correcto y mucho menos si es del amor de lo que hablamos.
Iniciar una relación (nueva o de nuevo) tras un “fracaso” sentimental no es sencillo y mucho menos cuando el miedo a cometer de nuevo viejos errores planea sobre la segunda pareja o cuando la rabia se apodera de nosotros por el dolor causado en el pasado. El miedo, la rabia, las sombras y los sentimientos producto del desamor no duran para siempre, y lo lógico, es que pasado un tiempo “todas” las personas recobren la capacidad de amar. Pero desgraciadamente, en muchas ocasiones, no sucede así. Debido a que no hemos sido capaces de elaborar correctamente la pérdida y será únicamente en estos casos en los que tendrá razón la sabiduría popular.