Pautas dietéticas para niños
Los malos hábitos alimenticios en los más pequeños de la casa representan un riesgo mayor que para un adulto. Comer a todas horas y no tener ningún tipo de control de los padres puede resultar peligroso para los niños, ya que la ingesta descontrolada de alimentos puede provocar obesidad infantil y es propicia para el desarrollo de otras enfermedades.
De hecho, las estadísticas aseguran que tres de cada diez niños tienen obesidad o sobrepeso, con el riesgo de padecer enfermedades como la diabetes, la presión alta o el colesterol.
Por ello es importante que los niños adquieran hábitos de vida saludables, que coman correctamente y sobre todo fomentar el juego activo. No debemos permitir que jugar con videojuegos, ver la tele y comer hamburguesas, pizzas o golosinas se convierta en un hábito.
A partir de los tres años, es bueno que el niños consuma cinco comidas al día y que el desayuno sea la más importante, al igual que en los adultos. Un buen desayuno, con zumo, leche, cereales o tostadas les aportará energía para tener un mejor rendimiento escolar, fomentar la capacidad de razonamiento y evitar el riesgo de engordar.
Es aconsejable no darles dinero durante el día, para evitar que en el colegio o de camino a él compren chucherías o bollería industrial. Lo ideal es que lleven el almuerzo de casa y que se les prepare un yogurt, fruta picada o galletas integrales.
Debemos establecer unos horarios fijos para cada comida e intentar cumplirlos, con ello acostumbraremos al cuerpo a no picar entre horas. También es aconsejable planear la comida con antelación para que sean más equilibradas y completas. Debemos intentar que sean originales y apetecibles, la monotonía en la mesa produce insatisfacción. Si por ejemplo a nuestros hijos no les gusta la verdura, intentemos no ponérsela en el plato, si no esconderla triturándola y echándola en guisos, como lentejas o caldos.
No debemos obligarles a terminar el plato, la conexión con sus sensaciones corporales es importante, no hay que comer por que “toca”. Además, cuanto más tranquilo sea el espacio en el que comemos podremos entrar en contacto con la sensación de saciedad. Una vez que esta se produce en el estomago tarda unos 20 minutos en llegar al cerebro. Las comidas deben tener un ritmo pausado, pero no ser eternas.
En cuanto a la cena es importante que el niño la consuma dos horas y media antes de acostarse, para que su cuerpo tenga el tiempo necesario de digerir lo consumido.
Las comidas y cenas también son un momento social, de compartir experiencias y de contarnos lo que hemos hecho durante el día. Además, compartir al menos una comida familiar es una oportunidad de convertirnos en un modelo de hábitos para nuestro hijo.
El dicho de que” somos lo que comemos” es cierto. Una correcta alimentación es el fundamento de una vida plena y sana, y Carmen García Torrent lo sabe muy bien. Se licenció en 2005 en Ciencia y Tecnología de los alimentos, tras haberse diplomado en Nutrición Humana y Dietética, y desde entonces ha ido complementando su extensa trayectoria profesional con una continua formación en diferentes cursos y jornadas relacionadas con el mantenimiento de la salud a través de la nutrición. En 2006 inauguró su propio despacho personal como nutricionista pero, además, Carmen pertenece a diversas Asociaciones y tiene una participación activa en los medios de comunicación, colaborando a menudo tanto en prensa como en radio y en televisión.




