No tienen una edad precisa para emerger, ni siguen reglas para reproducirse, pero lo que si está asegurado es que, tarde o temprano, los cabellos grises y blancos inundan todas las melenas.
Las canas resultan siempre sorprendentes. Desde la visión de la primera, que puede ser a partir de los 30 o 40 años, es un no parar de rebuscar hasta dar con “sus compañeras” con el objetivo de abatirlas. La cuestión es que a partir de ese momento, la vida de las mujeres da un vuelco. Ninguna sabe que va a suceder al final del camino, pero la travesía siempre produce inquietud.
¿Qué son?
El resultado de la disminución de la melanina, una sustancia natural producida por los melanocitos (células cutáneas) que le da color (pigmento) al cabello, la piel y al iris ocular. La ausencia de melanina se asocia con enfermedades de despigmentación como el vitíligo, y lógicamente con la aparición de canas. La pregunta de los investigadores fue qué es lo que causa esta disminución de melanina.
Examinando cultivos de células de folículos pilosos, científicos como Gerald Weissmann de la Federación of American Societies for Experimental Biology (FASEB) lograron comprobar que con el tiempo estos pierden una enzima que se encarga de destruir el peróxido de hidrógeno convirtiéndolo en agua o en oxígeno. Cuando el peróxido de hidrógeno comienza a acumularse empiezan los problemas. Éste no puede ser reducido por las células al estar ausente esta enzima (cuyas variantes llevan el nombre de MSR A y MSR B), lo cual bloquea la producción de tirosinasa, una enzima que promueve la producción de melanina.
El caso es que los científicos han descubierto ya un método que hace que el pelo vuelva a su estado natural cuando las canas aparecen por algún tipo de enfermedad o por situaciones de intenso estrés, pero hasta ahora es imposible luchar con las que son producto de la edad y la pérdida de melanina.