Fantasías: ¿las compartimos?

“Lo real nunca soporta la comparación con el ideal” (Onfray) Las fantasías sexuales son representaciones mentales imaginarias, a veces involuntarias y otras voluntarias, que provocan una amplia gama de deseos y emociones, desde placenteras y excitantes a incómodas y desconcertantes. Es una importante actividad erótica que permite trascender la realidad, creando situaciones que favorecen los deseos, sueños y esperanzas de quien las dirige. En muchas ocasiones, infringen las reglas morales, religiosas, sociales e incluso sexuales. Es por esto, que en nuestra cultura, suelen estar asociadas a lo íntimo, a lo que no se cuenta, a lo prohibido, al morbo, al vicio, a lo sucio, a lo pecaminoso... Y sin embargo, son la práctica sexual más habitual, llevada a cabo por todos, tanto por hombres como por mujeres, en pareja o a solas. 

Las frustraciones de la sexualidad femenina

Según las investigaciones de un neurólogo holandés hay mujeres a las que les cuesta alcanzar el orgasmo porque no desactivan su hemisferio izquierdo del cerebro, al mismo tiempo que esto no permite activar el derecho. Pequeño detalle que parece imprescindible, según sus investigaciones, para poder alcanzar ese placer intenso.

Lo que esto supone es que no se liberen de los pensamientos prácticos y dejen libre su mente para poder centrarse en lo que están haciendo. La imagen caricaturizada de esto sería aquella en la que la mujer en el momento en el que está llegando a niveles de placer muy altos se acuerda de que mañana tiene que llevar el perro al veterinario o sacar la ropa de la lavadora antes de quedarse dormida. Estos estudios los realizó con voluntarios, hombres y mujeres, a los que sometió, con diferentes tipos de estimulo, a “orgasmos de laboratorio” al mismo tiempo que los analizaba con pruebas de imagen de sus cerebros en acción. 

Este tipo de pruebas -PET (tomografía de emisión de positrones) y la más reciente, FMRI (imágenes por resonancia magnética funcional)- se están utilizando en múltiples pruebas diagnósticas para analizar qué hace ese cerebro en el momento en el que está llevando una acción concreta o está siendo estimulado por unas imágenes, sonidos, etc. predeterminados. Se les inyecta substancias de contraste y se observa este líquido como fluye por cada zona del cerebro. 

 

Frustración y decepción

Entre un 18 y un 20 por ciento de las mujeres en todo el mundo sufren de desórdenes con sus orgasmos. Esto es, no solo que no llegan o que les cuesta mucho llegar al orgasmo, sino que ven amenazado su deseo porque sus experiencias con la sexualidad están llenas de frustración y decepción. 

Rompiendo contratos: infidelidad y vínculos afectivos

El bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo dependen de decisiones humanas contractuales, relativas e históricas MICHAEL ONFRAY

Llamamos infidelidad al incumplimiento, entre los miembros de una pareja, de un contrato, implícito o explícito, de exclusividad. Llamamos infiel a aquel que no actúa según los pactos establecidos o quiebra los compromisos adquiridos. Visto en “clave sexual” la infidelidad es la ruptura de la restricción de circunscribir el contacto sexual o amoroso a una sola persona, según lo acordado. 

Existen muchas razones por las que las personas rompemos nuestros contratos. Seguramente tantas razones como personas. Pero, generalmente, suelen indicar un deseo interno de cambio. Cuando algo en mi vida o relación no marcha bien, la infidelidad puede convertirse en el desencadenante del cambio y pone de manifiesto en la relación aquella insatisfacción que siento, mi miedo al compromiso, mi ganas de romperla, mi necesidad de novedad o la falta de aquello que nos unió... Sea como sea, cuando una pareja se enfrenta a una infidelidad, lo que está claro es que la relación nunca vuelve a lo de antes y no sólo porque pongamos sobre la mesa la necesidad de que algo ha de cambiar sino porque implica secreto, decepción, inseguridad, traición y su consiguiente merma de confianza. Y si existe algo indiscutible en los contratos de las relaciones de pareja es la confianza y, en muchas ocasiones, no reparamos en ella hasta que se esfuma y su pérdida es dolorosa y difícil de superar. 

Pareja: experiencia sexual desigual

Si la sociedad ya se acostumbró a ver parejas en los que los hombres superaban en bastante años a los mujeres, ahora no supone un shock ver a mujeres maduras en brazos de compañeros de aventuras más jóvenes e inexpertos. Pero, ¿es oro todo lo que reluce? ¿La inexperiencia en la cama de unos y otros suponen un hándicap para la relación?

Aunque a día de hoy sigue primando eso de que los hombres se comen una y cuentan 10 y no paran de pavonearse ante sus amigos de lo buenos amantes que son, cada día son más conscientes del poder sexual de la mujeres. Sobre todo gracias a series como 'Sexo en Nueva York' donde ellas hablan sin pudor de sus relaciones y la falta de 'tacto' de sus compañeros sentimentales con todo lujo de detalles.

Y es que algo está cambiando. El sexo ya no es un tema tabú y el bagaje sexual de hombres y mujeres se va igualando. Esto da lugar a relaciones de todo tipo. Desde los que se conocieron en la infancia y siguen adelante con su relación; hasta mujeres que buscan su estabilidad emocional en hombres maduros que le dan la protección que necesitan; o aquellas que después de probar de aquí y de allá han descubierto el amor en jóvenes inexpertos con muchas ganas de aprender. Todo vale.

Pero en ocasiones hay que pagar un peaje algo inesperado: el del acoplamiento sexual, de ellos y de ellas, según el caso. Por qué, ¿con qué problemas se puede encontrar una mujer que se inicia en el mundo del sexo con un hombre experimentado? Y un hombre que mantiene una relación con una mujer que ha tenido una vida sexual más activa y han experimentado cosas que ellos aún no, ¿también se encuentra con miedos que superar? 

Mi pareja es más experimentada que yo en el sexo

Segundas partes nunca fueron buenas (II PARTE)

El perdón pretende hacer lo que parece imposible, deshacer lo que ha sido hecho, y consigue establecer un nuevo comienzo allí donde los comienzos parecían imposibles. Hannah Arnendt

(PARTE II: VÍNCULOS AFECTIVOS Y EL DUELO)

Continuamente en reuniones con amigas, en conversaciones que llegan a mis oídos en el metro y en el autobús, y sobre todo, en consulta, no paro de escuchar “como dice el refrán segundas partes nunca fueron buenas”. Y aunque, generalmente suelo estar de acuerdo con la sabiduría popular, he de reconocer que no siempre está en lo correcto y mucho menos si es del amor de lo que hablamos.  

Iniciar una relación (nueva o de nuevo) tras un “fracaso” sentimental no es sencillo y mucho menos cuando el miedo a cometer de nuevo viejos errores planea sobre la segunda pareja o cuando la rabia se apodera de nosotros por el dolor causado en el pasado. El miedo, la rabia, las sombras y los sentimientos producto del desamor no duran para siempre, y lo lógico, es que pasado un tiempo “todas” las personas recobren la capacidad de amar.  Pero desgraciadamente, en muchas ocasiones, no sucede así. Debido a que no hemos sido capaces de elaborar correctamente la pérdida y será únicamente en estos casos en los que tendrá razón la sabiduría popular.